Chile: Plantas alimentarias prehispánicas

Autores: Oriana Pardo B & José Luis Pizarro T.

Este libro busca promover el interés por la historia alimentaria de Chile, disipar dudas y clarificar el origen de las especies vegetales que formaron parte de la dieta de los antiguos chilenos, algunas de las cuales se encuentran hasta hoy día incorporadas en las costumbres. Técnicamente, se puede decir que se inserta en el campo de la arqueología de la alimentación, desde la perspectiva botánica.

Se presentan 361 entradas descriptivas de plantas señaladas como alimentarias y seguramente consumidas por la población prehispánica, contando en este número aquellas que tenían más de un empleo. De este total, 244 corresponden a especies y 29 son reseñadas como género (spp.). Esta cifra es seguramente estimada por defecto si se considera que existen plantas potencialmente consumibles de las cuales no se ha encontrado referencia concreta. El rubro más representado es el de las frutas con 88 entradas, la mayoría de las cuales no han modificado su condición de silvestre, algunas de las cuales son recolectadas hasta hoy de manera indiscriminada, amenazando su sobrevivencia.

La investigación tiene su clave de lectura en estudios etnohistóricos, etnobotánicos, arqueológicos, en los escritos de los cronistas, en el análisis semántico de vocablos indígenas y en costumbres aún vigentes en las áreas rurales.

Las especies se presentan agrupadas en rubros registradas por sus nombres científicos, el o los nombre vernáculos, las zonas donde crece, la parte de la planta que ha sido empleada y las referencias históricas o culturales que demuestran su utilización por algunas de las etnias que poblaban el actual territorio chileno.

Nota: Originalmente este libro fue concebido como una segunda edición de ‘Especies Botánicas consumidas por los Chilenos Prehispánicos’, publicado por los autores en 2005. A medida que avanzaba la investigación, se fue estructurando un trabajo nuevo, muy distinto al anterior, no sólo sus contenidos sino también en su organización y extensión. Aunque se mantiene la sistematización por grupos de empleo, la principal diferencia que los lectores podrán constatar con respecto a la obra precedente, es que las especies se presentan ordenadas por el nombre científico y no vulgar. Se optó por esta alternativa porque no siempre es posible determinar con certeza la grafía de la denominación vernácula y, con frecuencia, tampoco la denominación precisa. Los pueblos originarios tenían un nombre para cada planta, y muchas veces también, para las distintas variedades, pero esta precisión se fue perdiendo con el tiempo, así como también fue desapareciendo la exactitud de la denominación, situación que ha contribuido a la frecuente homonimia.